Sobre mí

28 octubre 2015 -
Estando callada me acompaña el silencio, pero no un silencio impuesto o incómodo, no, me acompaña el silencio amigo, ese que protege, que complace, que deja sitio para meditar, que viene a ayudar a uno, el que hace pensar y donde se pueden recrear las palabras tal y como lo define Manuel Rivas en Los libros arden mal.

Estando callada medito, me gusta meditar, aunque lo hago de siglo en siglo. Conseguir dejar la mente en blanco y olvidarse de los problemas por un rato da una paz como pocas cosas. Además, la sensación de liviandad, de ingravidez, que tienes al terminar es de lo más agradable.
Estando callada escucho al silencio para encontrar el camino, como dice Marc Anthony. Porque sí, con las prisas, el estrés, el trabajo, las preocupaciones... nos olvidamos de lo más importante: nosotros. No paramos a escucharnos y, a veces, perdemos el rumbo de lo que realmente queremos o necesitamos. Y también escucho a los que quiero, claro, todos necesitamos un hombro de vez en cuando y algún que otro consejo.

Estando callada pienso, mucho, demasiado, de dónde vengo y a dónde voy, en lo loco que está el mundo, en lo locos que estamos todos... Sin embargo, no me gusta pensar. Pero no sólo pienso, también extraño, muchísimo, a los que ya no están y echo de menos a los que sí están pero estoy varios días (o, en el peor de los casos, semanas o meses) sin verlos.

Estando callada duermo, poco y mal, pero bueno. Y, mientras duermo, sueño. Aunque también sueño, y mucho, despierta.

Estando callada escribo, una tesis (lo menos); cualquier tontería que se me pase por la cabeza; las preocupaciones, puesto que me ayuda a tomar distancia y verlas de otra manera; y, principalmente, este blog.

Y, sobre todo, estando callada LEO. Leo porque un libro es igual de beneficioso y fiel que el silencio amigo: con un libro me siento protegida entre sus páginas y me complazco en su lectura; también medito, puesto que leyendo me olvido de las preocupaciones del día a día; me ayuda porque me relaja y me evade; me hace pensar y reflexionar sobre temas muy variopintos y me recreo en sus palabras, me deleito con ellas e, incluso, las saboreo; me invita a seguir soñando despierta, con otros lugares, con otras vidas... Pero, aún hay más, leyendo además viajo sin necesidad de moverme del sillón de mi casa y con la opción de viajar a lugares que no existen, salvo en la cabeza de los escritores y sus lectores; dejo volar mi imaginación, que no es mucha y aprendo, pero no sólo vocabulario o gramática, no, aprendo historia, sobre otras culturas, sobre otros puntos de vista...

Y vosotros, ¿qué hacéis estando callados?